Prompt Engineering, la próxima profesión que debería desaparecer

Sé que resulta llamativo que esté anunciando la muerte de una profesión que apareció hace tan poco, pero desde el punto de vista de la interacción entre el humano y la inteligencia artificial, el objetivo es ese.

Llevo insistiendo en este aspecto desde prácticamente cuando se acuñó el término. Quizás por mi aversión a que se emplee la palabra ingeniería de manera excesivamente flexible. En cualquier caso, ahora mismo es una aseveración que puede ser entendida por cualquier persona que haya interactuado mínimamente con una IA.

¿Qué es la ingeniería de instrucciones o “prompt engineering”?

En palabras que todo el mundo pueda entender, consiste en cómo ingeniar las instrucciones que se dan a una inteligencia artificial para obtener los mejores resultados posibles.

Claro que “mejores resultados” puede involucrar muy diversos aspectos. Hay un montón de ejemplos de orgullosos usuarios de chatbots que anuncian haber conseguido “engañar” a una inteligencia artificial para obtener datos que en principio no debería haber conseguido.

Existen multitud de técnicas de prompt engineering, pero, resumiendo muchísimo, la esencia principal es poner a esa inteligencia artificial en el contexto más preciso posible, para que haga exactamente lo que quieres. De ahí fórmulas como solicitar a un chatbot que adquiera el rol de un experto en el área concreta sobre la que queremos preguntar.

Usabilidad, experiencia de usuario y Prompt Engineering

Existen distintas definiciones para la usabilidad, pero la que me resulta más clara es la proporcionada por la ISO/IEC 9241:

Usabilidad es la eficacia, eficiencia y satisfacción con la que un producto permite alcanzar objetivos específicos a usuarios específicos en un contexto de uso específico.

Desde esta perspectiva, nuestra interacción con la inteligencia artificial debería evolucionar hasta un punto donde esta sea capaz de entender lo que queremos hacer sin necesidad de complicarnos pensando cómo expresarlo.

¿Conocéis esas personas con tal nivel de sincronización que ante una solicitud tan inespecífica como “Dame el coso ese que está ahí”, acuden sin dudarlo a coger la taladradora con una broca del 8 y pasársela a su compañero? Pues ese es el nivel de confianza con la inteligencia artificial que deberíamos alcanzar. Ese es el rumbo que debería tomar nuestra interacción con la inteligencia artificial.

El avance de la técnica debería permitirnos obtener las mejores respuestas posibles, a pesar de que especifiquemos un contexto de forma incompleta o incluso cuando lo estamos especificando mal. La inteligencia artificial puede llegar a ser capaz de detectar aspectos como la sensación de urgencia u otras circunstancias que podrían ir más allá de la normal percepción humana.

Esto puede parecer muy futurista, pero cuando hay un interés o una necesidad clara, los humanos ya hemos demostrado que podemos hacer avanzar la tecnología rápidamente. Lo de ir, más allá de la percepción humana, seguramente es algo que más de uno hemos sentido cuando hemos visto aparecer sugerencias de compras de ciertos productos en nuestro móvil. Realmente es algo que ya está sucediendo.

Por otro lado, nos encontramos con la necesidad de minimizar el impacto energético y el daño al medio ambiente. ¿Debemos poner esto en el lado del usuario, obligándole a formular las consultas de una manera específica?

¿Qué pasa con los casos de uso donde un chatbot debe resultar empático, como pueden ser los de asistencia a personas con depresión? ¿Acaso no vamos a poder enfadarnos con la inteligencia artificial cuando se equivoque a riesgo de causar un daño irreparable al medio ambiente? 😉

Dudo mucho que los humanos optemos por automatizar hablar a las máquinas de manera inhumana, a menos que nos terminen obligando de algún modo. Quizás como cuando los SMS costaban un dineral y teníamos que hablar eficientemente, igual que ocurre con los telegramas.

Del mismo modo, por lo general, no creo que prefiramos que las inteligencias artificiales se dirijan a nosotros sin expresar humanidad. Es más, en muchos casos desearemos que lo hagan de una manera personalizada. Si las IAs deshumanizan la conversación, seguramente nos adentraríamos en un valle inquietante, fenómeno del que espero hablar en otro momento.

La interacción con la Inteligencia Artificial debe fluir

Los que conocen la famosa saga de Dune, debería sonarles su famosa frase de “la especia debe fluir”. El universo presentado en esta saga está marcado por hechos que acaecieron debido a la irrupción de la inteligencia artificial, así que aprovecho para reutilizar la expresión y recomendaros otra obra literaria que ya en 1965 se planteó sobre las consecuencias de la IA en la humanidad.

Si buscamos que nuestra interacción con la IA sea fluida, no tiene sentido que la disciplina del prompt engineering nos siga acompañando mucho tiempo más. El reto para los expertos en interacción es conseguir que los robots y cualquier sistema que emplee inteligencia artificial lleguen a este punto, alcanzando una comunicación natural, efectiva y eficiente en todos los sentidos.

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